lunes, 12 de noviembre de 2007

DE PRÍNCIPES Y PRINCESAS

Vista del banquete dentro del recinto

Arabia Saudí, como es sabido, es una un Reino, por lo que hay rey, príncipes y princesas. Pero un reino peculiar, por la cantidad de miembros de la familia real existentes. Abdulaziz bin Saud, el fundador del Reino (y el que da nombre al mismo), llevó a cabo una inteligente política de matrimonios con el objetivo de cohesionar a las distintas familias de clanes rivales. Esto, a parte de las relaciones de servilismo e interese creadas a continuación, llevó a la creación de una inmensa familia real. Se puede decir que hay miles de príncipes, que viven del erario público y, por supuesto, controlan gran cantidad de empresas e instituciones.

En la actualidad gobierna uno de los hijos del fundador y todos sus predecesores también eran hijos del mismo. Imaginad, por lo tanto, las edades que tienen ya el resto de sucesores. Al no ser hereditaria de padres a hijos, en la actualidad existe una cierta incertidumbre en torno a cuál de las diferentes ramas familiares será la que se haga con el poder. Esto tiene gran importancia, pues las familias representan, muchas veces, diferentes formas de pensamiento y , por lo tanto, está en juego un futuro aperturista o no en el país.

Como he comentado en Arabia Saudí existe un número desorbitado de príncipes. Por supuesto hacen lo que les viene en gana: compañías privadas de aviones, empresas que ofrecen servicios e Internet sin censura, fiestas, viajes al extranjero, corrupción. Hace ya casi dos meses tuve la oportunidad de acudir a un iftar (la comida que rompe el ayuno durante el Ramadán) organizado por un príncipe. El lugar, un palacio, los invitados, extranjeros, hombres y mujeres en la misma sala (algo supuestamente prohibido). El palacio no era la residencia del príncipe, pero era algo enorme. Salas inmensas y un montaje considerable, incluyendo una sala especial para niños, con castillo hinchable incluido.

La zona de juegos infantiles....¡cómo la que tenía yo de pequeño!

Por supuesto existen príncipes que aprovechan su casi total impunidad para hacer el "mal". Es decir, a parte de corrupción, contrabando de alcohol, inmigrantes y drogas. Aprovechando muchas veces sus yates, aviones y barcos privados.

Y es que, como en todas partes pero más, con dinero se hace cualquier cosa. Esto me recuerda una fiesta a la que acudí hace tiempo a casa de un tipo hijo de un hombre poderoso (no sabría decir si príncipe). Por supuesto una finca impresionante casi en medio de la ciudad, con multitud de villas, piscinas y sirvientes. El festejo a todo tren, comida, musica y alcohol de calidad (incluso latas de cerveza) Desde fuera parace normal, pero el simple hehco de montar una fiesta casi en Riad y con alcohol es toda una aventura. El simple hecho de transportar las cantidades de bebidas (pensad en la cantidad de latas, porque las botellas proporcionalmente a su graduación y respecto a las latas ocupan menso espacio) existentes a la fiesta indica que verdaderamente los orgnaizadores consideraban que no corrían ningún riesgo. Y esto aquí significa tener poder. Por cierto, que en esa fiesta estaba el ex-bético Denilson.

Todo esto como símbolo del poder y dinero que tiene los príncipes en Arabia Saudí y de las incongruencias que normas excesivamente estrictas crean a diario.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu blog es realmente interesante y ameno, una pena que no puedas postear mas a menudo.

DESTRUCTOR dijo...

Colega, a ver que dices. Menos mal que tu proxy no sale por este país que sino te censuran la pagina echando leches.

Equisese dijo...

Soy el adalid de la libertad de expresión en estas tierras. No callaran mi boca, no romperán mi pluma..mis palabras surcan las arenas: libertad, libertad!

-=Tekena=- dijo...

Como se nota que te piras en nada....

Equisese dijo...

Sobre todo porq se me ha pirao definitivamente..no?

mortiziia dijo...

Tendrías que ver a esos miles de príncipes y princesas paseándose cada verano por Marbella, paraíso de la corrupción y el vicio por excelencia. El aeropuerto de Málaga les reserva casi en exclusividad una pista durante la semana de llegada y otra durante la de salida, porque sólo el «núcleo duro» puede llegar al helipuerto que tienen junto al Palacio en Marbella: literalmente, llegan a cientos.